Bueno, pues ya está. Ya estoy aquí, sentado en mi
cama (¡enorme! y completamente ikeizada) y escribiendo unas
líneas rápidas de lo que han supuesto mis primeros días por aquí.
La verdad es que llevo ya algo más de una semana, y realmente siento
que llevo mucho más tiempo. Supongo que por las mil cosas que he
tenido que hacer.
La primera, la más obvia, la búsqueda de
piso. Toda una odisea. Ni sé la cantidad de pisos que pudimos ver.
Se nos había dicho que todo en La Laguna era muy viejo, y la verdad
es que de todos vimos, pero he tenido la gran suerte de encontrar un
piso enorme en el centro, en el corazón de la vida estudiantil y a
escasas paradas de tranvía de la uni. Así que estoy supercontento.
Mis compañeros de piso son ya mi pequeña familia aquí. Porque,
curiosamente, aterrizamos todos en el mismo hostal los prtimeros días
y desde entonces iniciamos una búsqueda colectiva. Resultado: siete
intérpretes,una casa con vistas al mar al lado de la uni, y un piso
en el centro con azotea y panorámica de la ciudad y la vecina isla
de Gran Canaria; dos centralitas traductológicas que ya están
destinadas a convertirse en nuestro particular refugio en la isla.
Pero a parte de las miles de llamadas telefónicas,
los anuncios, las idas y venidas, los cafés rapiditos por la mañana
y las maletas, hemos tenido tiempo también de irnos conociendo. De
conocer La Laguna, pequeñita y acogedora, muy accesible y con todo
lo que se necesita para estudiar. Con un microclima eso sí que hace
que el viento aquí te pille por sorpresa en una esquina y te deje
helado, pero que al doblar la calle te asfixies con un solazo de
frente. Chaqueta en mano todo el día y gargantas resentidas. Pack de
bienvenida. Así que una vez con piso (tras cuatro días de intensa
búsqueda, léase montarse en coches de propietarios “enrollados”,
agentes inmobiliarios sedientos de comisiones estratosféricas y
visitas a cuchitriles) nos permitimos conocer un poquito Santa Cruz y
callejear por ahí. Todo amenizado con muchas papas, mojo picón y
pulguitas.Hubo quien se animó a hacer alguna que otra excursión,
pero un servidor acabó muerto después de tantas visitas a Ikea
consecutivas y aprovechó alguna tarde para descansar un poquito y
estar solo, porque la verdad que parece que hayamos venido a Gran
Hermano: no nos hemos separado ni un segundo los unos de los otros.
Solo espero no acabar tirándonos de los pelos, porque vamos a tener
tiempo de vernos, y mucho...
Y mañana ya empieza la vida real...A ver qué
pasa. Hoy reinaba el nerviosismo colectivo, la incertidumbre de lo
que nos vamos a encontrar y el qué nos vamos a poner.Porque lo que
en principio es una presentación, de esas de discurso en clase y
muchos besos y apretones de mano en la cafetería, aquí va a ser una
cata de vinos. Un poco de maquillaje para la tralla que nos espera
desde el martes mismo. Reconozco que me da un poquito de vértigo,
pero es el respeto que hay que tenerle a las cosas importantes, no
miedo. Son tantas las cosas que he oído ya del máster que no
sé...¡A ver! Se nos ha dicho que solo aprueba el cincuenta por
ciento de los alumnos. Así que a tragar saliva y a ponerse las
pilas. Mañana me apunto al gimnasio (sí, lo habéis leido bien),
hago la compra del mes,encuentro la biblioteca, hablo con el casero,
recibo al electricista y arreglo la lavadora, que para algo es lunes.
A ver cómo se ven las cosas con una nueva rutina.




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